
El actor ganador de un MAX Edy Asenjo estrena el 12 de mayo en CASYC su nuevo montaje, Yo, Monstruo, un monólogo basado en hechos reales que permite al espectador escuchar las reflexiones en voz alta de un violador encarcelado.
La obra dirigida por Pati Domenech, supone en palabras de su autora Sandra Bedia, “enfrentar al espectador a un personaje que una vez encarcelado se transforma en un signo de interrogación gigantesco que cuestiona a toda la sociedad. Desde la familia que le dio origen hasta la justicia que no tiene claro qué debe hacer con él pasando por el estado que invierte más en su custodia que en la atención a sus víctimas, los medios de comunicación o la sanidad, porque nadie sabe hoy en este puzle cuál es exactamente en lugar adecuado para un monstruo”.
Las entradas están a la venta en la red de cajeros de Caja Cantabria, en www.cajacantabria.com y en el 902 12 12 12 .
Edy Asenjo interpreta a M. un hombre corriente, español, 41 años, clase media, preocupado por el medio ambiente, aficionado a los documentales de la 2 y con un vicio confesable: la música de Raphael.
El “hombre normal” vive un paréntesis en su vida normal. Está en prisión acusado de varias violaciones. Tan adaptado a su medio como lo estuvo a la vida en la calle, no se hace demasiadas ilusiones sobre las posibilidades de conseguir la condicional. Sin embargo, su familia, abogados, psicólogos, periodistas se interesan con distintas motivaciones por su reinserción. Para salir, M. deberá admitir su delito, mostrar arrepentimiento.
Si lo hace, M. asume que es un monstruo. Y si lo es, ¿desde cuándo? ¿Por qué? ¿Es suya toda la culpa?, ¿Es un monstruo para siempre? ¿Es irresponsable la labor de los profesionales que trabajan en su tratamiento para al final liberarlo?
Yo, Monstruo es un falso monólogo. M. habla a una silla vacía en la que por momentos se sientan las dudas de cada uno de los espectadores sobre qué es justo hacer con un violador. Nos interroga y nos acusa entre la desvergüenza más descarada y la razón más evidente. Es un monólogo sólo por ahora porque en cualquier momento M. estará de nuevo en la calle. Aunque la calle no esté preparada para recibirle.
En opinión de Sandra Bedia, “el teatro ha tratado escasamente el tema de la violación. Y sin embargo, es difícil encontrar un formato más adecuado que el teatral para plasmar tanto drama, un espacio más a la medida que el escenario para la reflexión compartida y en voz alta”.
Yo, Monstruo habla de las víctimas sin mencionarlas. M. es un monstruo porque les ha causado daño, porque puede causar daño a otras. No existiría montaje, no habría obra sin el protagonismo invisible de quienes no aparecen.
Para su autora es importante que en la puesta en escena de esta producción “quede entendido que mirar al monstruo, escucharle y oír sus explicaciones no es justificarle. Quede comprendido que tratar de entender y explicar los mecanismos de la violencia, no nos hace cómplices de la violencia, nos capacita para tratar de evitarla”.
El espacio escénico, minimalista y simbólico, dividido en cuatro áreas así como el espacio sonoro, introducen al espectador en un territorio en el que los límites de la libertad no son precisos, donde se evidencia que la seguridad y el derecho de los ciudadanos pueden en algún momento, ser violados.